Crítica cinematográfica: “I’M NOT THERE”

bob dylan

Esta es la historia de una leyenda, un superviviente, una inspiración para poetas, escritores y músicos. Esta es la historia de alguien que supo transmitir la mirada folk a la sociedad contemporánea y también es la de alguien que rompió con sus cadenas para fusionarlo con el rock. Esta no es la historia de Bob Dylan. Esta es la historia de un mito.

“I’m not there” es un retrato inusual, no es un biopic como los demás. Si esperamos encontrarnos con una película planteada desde una perspectiva formal lo más seguro es que no estemos preparados para interaccionar con lo que esta obra puede ofrecerle a nuestros ojos. El autor, Todd Haynes, arriesga a romper con las convenciones formales narrativas y, en su lugar, apuesta por la creatividad e imaginación dotando al relato de un carácter irregular, hipnótico y, en ocasiones, incluso lisérgico.

Esta particular obra se adentra más bien en la experimentación de las estructuras fílmicas, lo que termina por convertirse en un producto visual muy dificil de etiquetar y clasificar. Todd Haynes ya lleva consigo obras que le han valido un Oscar, un Globo de Oro y premios en Cannes y Venecia por “Velvet Goldmine” (1998), una película protagonizada por Jonathan Rhys Meyers y Ewan McgGregor que trata sobre dos personajes ubicados en la época glam fuertemente inspirados en las figuras de David Bowie e Iggy Pop; y “Lejos del cielo” (2002), historia que denuncia la hipocresía de la sociedad estadounidense de los años 50.

6 capítulos aparentemente discordantes de la vida de Bob Dylan con 6 actores distintos son la columna vertebral de “I’m not there“. En orden de aparición, Marcus Carl Franklin, Ben Whisaw, Heath Ledger, Christian Bale, una genial Cate Blanchett cuya interpretación le dotó del Globo de Oro y la nominación al Oscar como mejor actriz secundaria; y Richard Gere encarnan, cada uno de forma totalmente aislada, ciertos episodios “dylanescos” que el espectador familiarizado puede o, mejor dicho, debe relacionar con la vida personal y profesional del mito prolífico de la música folk/ rock. No se trata de contarlo sino más bien de mostrarlo.

La pelicula refleja una realidad que como algunos críticos afirman se aproxima más a la idea de “simulacro” que a la de representación real del personaje en cuestión. Así, se explica que para un espectador novel en la vida y acontecimientos de Dylan este aprecie con mayor clarividencia la inconexión entre sus partes, sus cambios de contexto totalmente alejados de la lógica del argumento y que los protagonistas sean personas distintas con diferentes nombres; incluso Todd Haynes no discrimina en este aspecto ni género (Cate Blanchett) ni raza (Marcus Carl Franklin).

Lo que nos encontramos, pues, es una muestra de la imagen “cubista” que Dylan ha ofrecido durante el período de los 60 y 70. De joven apasionado por la poesía de Rimbaud y el folk de Woody Guthrie a la época country ermitaña y casi emulando a Billy El Niño (compuso la banda sonora e incluso actuó en la película de Sam Peckinpah) pasando por el período rock alegórico de Carnaby Street dentro de una burbuja anfetamínica y de vigilia. Dylan constituye perfectamente la doble figura de ídolo y traidor de sus orígenes.

La escena del film que más llama la atención la compone Ballad of a Thin Man coverizada por “Stephen Malkmus and The Million Dollar Bashers”. Esta escena interpretada por Cate Blanchett constituye la visión más surrealista, ingeniosa y sorprendente del film. La canción sobre aquel Mr. Jones que se encuentra en una habitación rodeado de cosas culturamente no aceptadas que no comprende. La escena mas bien parece un videoclip en el cual el personaje Keenan Jones, periodista que no entiende y critica las letras del artista Jude Quinn, se encuentra en una pesadilla en la que no da crédito a lo que está ocurriendo a su alrededor.

En definitiva, “I’m not there” es un trabajo realizado con el mayor de los mimos, con actores de primer nivel y un montaje que le confiere la categoría de una de las mejores peliculas de 2007. Una obra actual vanguardista, sorprendente en su forma de narrar, generosa en su banda sonora, ingeniosa y bizarra que resulta imprescindible en todo catálogo fílmico de cualquier amante de la música y mente nostálgica como la de un servidor.

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